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La persona con diabetes puede tener hasta 6 veces más riesgo de sufrir una fractura por fragilidad ósea

La persona con diabetes puede tener hasta 6 veces más riesgo de sufrir una fractura por fragilidad ósea

Nuestro objetivo es mejorar la esperanza y la calidad de vida de los pacientes con diabetes.

Bilbao, 21 de abril.- Una de las complicaciones menos conocidas de la diabetes, tanto la de tipo 1 como la de tipo 2, es el incremento del riesgo de padecer fracturas óseas, causado por una fragilidad de los huesos. Este riesgo, que los expertos sitúan entre 2 y 6 veces superior al que presenta la población no diabética, se produce a pesar de que, generalmente, estas personas con diabetes (sobre todo en el caso de la diabetes tipo 2) tienen una densidad ósea mayor.

La explicación a este fenómeno y su impacto en clínica, así como los efectos negativos que pueden tener algunos grupos farmacológicos empleados habitualmente en el manejo de la diabetes, se han debatido hoy, en el marco de una mesa redonda del XXVII Congreso Nacional de Diabetes que reune hasta el viernes a más de 1.500 profesionales en Bilbao. La sesión ha sido promovida conjuntamente por la Sociedad Española de Diabetes (SED)y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Más densidad ósea, “huesos de cristal”
Si bien son conocidas las complicaciones cardiovasculares, oftalmológicas y renales de la diabetes, subsiste aún un cierto desconocimiento social de las implicaciones óseas que tiene esta enfermedad metabólica que afecta ya en España a más de 5 millones de personas. “Las personas con diabetes tienen entre 2 y 6 veces más riesgo de fracturas inducidas por la existencia de un problema de fragilidad ósea, un riesgo elevado que es independiente del tipo de diabetes que se sufra (tipo 1 o tipo 2)”, indica el Dr. Manuel Muñoz Torres, endocrinólogo y profesor titular de Medicina de la Universidad de Granada.

Como factores causantes de este riesgo, destaca principalmente el propio efecto deletéreo que tiene la hiperglucemia sobre la calidad del hueso. Junto a ello, según destaca el Dr. Muñoz, “el conjunto de complicaciones macro y microvasculares y comorbilidades que habitualmente lleva aparejadas la diabetes (obesidad, hipertensión, dislipemia, problemas renales,…) también influyen negativamente sobre la salud del hueso”.

Paradójicamente, las personas con diabetes (especialmente aquellas que tienen una diabetes tipo 2) tienen una densidad ósea mayor que la población no diabética. “El problema –recalca el Prof. Muñoz Torres- no se deriva del déficit de hueso, sino de su mala calidad”.

Impacto de los hipoglucemiantes
Incluso, algunos fármacos indicados para el tratamiento de la diabetes tienen unas repercusiones negativas sobre el hueso. Entre ellos, según indica el Dr. Muñoz Torres, “se encuentran las glitazonas, fármacos extensamente utilizados en el manejo de la diabetes y que se ha comprobado que, como efecto adverso importante, provocan alteraciones óseas de interés en poblaciones especialmente vulnerables (ancianos, mujeres postmenopáusicas,…)”; con todo, recuerda este experto, “se trata de fármacos seguros y de probada eficacia, pero que deben indicarse con alguna precaución especial en grupos de personas que puedan ser especialmente sensibles a sufrir fragilidad ósea”.

En la misma línea, y según apostilla el Dr. José Antonio Amado, Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital de Valdecilla (Santander), “hay otros fármacos antidiabéticos orales nuevos, de reciente incorporación a nuestro arsenal terapéutico, que aún, debido a su corta trayectoria, no pueden acreditar una seguridad ósea a largo plazo”.

Un riesgo añadido que se advierte en este ámbito es el derivado de los episodios de hipoglucemias. Como indica el Dr. Amado, “en personas con diabetes, y especialmente en las de edad avanzada, la aparición de un evento hipoglucémico puede acarrear en muchos casos caídas y, por lo tanto, fracturas”. Ante este escenario, aconseja, “no debemos emplear alegremente la insulina, debiendo siempre vigilar este posible riesgo asociado”.

Ante estos riesgos, los expertos reunidos en esta mesa han subrayado la necesidad de atender especialmente a la fragilidad ósea en las personas con diabetes. Para el Dr. Muñoz Torres, “estas personas precisan de unas medidas particulares para prevenir la aparición futura de fracturas óseas, siendo fundamental que su médico les advierta de este riesgo y les informe sobre medidas convencionales para evitar estas alteraciones”; en cualquier caso, añade, “la primera medida de prevención de fractura ósea en estas personas debe ser, sin duda, asegurar que tengan bien controlada su diabetes, evitando para ello el empleo de aquellos hipoglucemiantes que puedan elevar el riesgo de fragilidad ósea”.

Acento en la prevención
Entre las medidas de prevención, el Dr. Amado reconoce la necesidad de insistir especialmente en los consejos dietéticos y de actividad física. “Si en toda persona con diabetes es importante adoptar unas medidas básicas de hábitos de vida, y lo mismo sucede con las personas que tienen osteoporosis, en el caso de aquellas personas que aúnan diabetes y riesgo de fractura ósea por fragilidad hay que intensificar estas recomendaciones”; entre otras cosas, apunta, “debe asegurar una ingesta adecuada y suficiente de proteínas, calcio y vitamina D, y seguir un vida activa”.

En cuanto a los fármacos antiosteoporóticos que se emplean en la población no diabética, pueden ser utilizados también igualmente en las personas con diabetes. Sin embargo, en este ámbito, se advierten importantes novedades y esperanzas de futuro, ya que existen nuevos fármacos (aún no comercializados) que podrían resultar de especial beneficio para estas personas. “Se trata de los denominados fármacos antiesclerostina, que actúan sobre una de las principales alteraciones que experimenta el hueso de las personas con diabetes (como es el déficit de activación de osteoblastos)”, detalla el Dr. Muñoz Torres. Son anticuerpos monoclonales que intervienen de forma específica sobre la esclerostina, una proteína que produce el propio hueso y que tiene la función de bloquear la activación de los osteoblastos (que son las células formadoras de hueso); en definitiva, estos fármacos actúan interrumpiendo este mecanismo natural que inhibe la formación de nuevo hueso.

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