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Diabetes y fibrosis quística: una vinculación en aumento y con rasgos diferenciales

Diabetes y fibrosis quística: una vinculación en aumento y con rasgos diferenciales

Nuestro objetivo es mejorar la esperanza y la calidad de vida de los pacientes con diabetes.

Bilbao, 23 de abril.- La diabetes es una de las principales complicaciones que aparecen asociadas a la fibrosis quística (FQ); además, la diabetes relacionada con la FQ tiene aspectos distintivos. En el marco del XXVII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes (SED), que se ha celebrado en Bilbao, ha tenido lugar una mesa específica sobre las particularidades que presenta el problema de la diabetes cuando surge en una persona con fibrosis quística, una enfermedad crónica y hereditaria que afecta, entre otros órganos, a los pulmones, al sistema digestivo y al páncreas.

Como mensajes principales, se ha insistido en que el diagnóstico de la diabetes en estas personas con fibrosis quística debe ser lo más precoz posible, por lo que se precisa la colaboración estrecha entre los neumólogos y diabetólogos (pediátricos y de adultos), con la necesidad de hacer un depistaje anual de la misma a partir de los diez años en niños con FQ. Por otra parte, se ha insistido en que las personas con FQ que comienzan a experimentar alteraciones del metabolismo hidrocarbonado deben saber que el buen control de las mismas ayuda a su organismo en aspectos distintos del propio control de la glucemia, como puede ser la mejoría de su función pulmonar así como de su estado nutritivo.

Por todo ello, como resalta la Dra. Raquel Barrio, coordinadora de la Unidad de Endocrinología y Diabetes Pediátrica del Hospital Universitario Ramón y Cajal, “esta persona debe intentar aprender lo más posible de su diabetes, con el objetivo de conseguir un buen control”.

Frecuente y distinta
En fibrosis quística la afectación del páncreas es muy frecuente. Se sabe que la diabetes relacionada con fibrosis quística aumenta con la edad; así, se estima que la padecen el 9% de las personas con FQ de 5 a 9 años, el 16% de los pacientes con 10-20 años, más de un 35% de aquellos que tienen entre 20 y 30 años, y la prevalencia de diabetes se sitúa en un 50% de las personas con FQ que tienen más de 30 años.

Existen diversos factores patogénicos implicados en esta vinculación entre FQ y diabetes. Así, según se ha puesto de relieve en este congreso, juega un papel muy importante la alteración del canal CFTR (canal transmembrana regulador de la fibrosis quística) que esta alterado en la FQ y que interviene en la secreción de insulina. Además intervienen en este proceso patológico la propia fibrosis del páncreas o la alteración de las incretinas.

Con la evolución de la FQ se produce una disminución de la secreción de la insulina, pudiendo evolucionar a una diabetes hacia al final de la segunda década de la vida, siendo la edad media de comienzo entre los 18 y 21 años. Sin embargo, los expertos aconsejan actuar frente al riesgo de diabetes antes de esta edad. Según destaca la Dra. Raquel Barrio, “en los últimos años se ha puesto en evidencia que la alteración hidrocarbonada puede aparecer antes de los 10 años, que es la edad que se propugna para realizar el despistaje de diabetes con la realización de una sobrecarga oral de glucosa (SOG). Por ello, propugnamos que esta SOG se realice a partir de los 6 años”.

El incremento en la supervivencia de las personas con FQ ha llevado a un aumento en la incidencia de diabetes relacionada con fibrosis quística. Su presencia se relaciona con una disminución de las expectativas de vida, empeoramiento de la función pulmonar y reducción de peso.

La diabetes relacionada con fibrosis quística tiene aspectos comunes con otros tipos de diabetes, tanto con la diabetes tipo 1 (de predominio en la edad pediátrica y que precisan insulina para su supervivencia) como la diabetes tipo 2 (más típica de los obesos, sobre todo adultos, en los que hay una resistencia a la acción de la insulina y pueden ser controlados, por lo menos en sus inicios, con dieta, ejercicio y/o antidiabéticos orales). No obstante, la diabetes relacionada con fibrosis quística tiene importantes diferencias que es necesario conocer para un correcto diagnóstico y tratamiento.

Mejorar el abordaje
La diabetes relacionada con la fibrosis quística puede mejorar con un adecuado tratamiento insulínico, es decir, “si conseguimos mantener los niveles de glucosa sanguínea (glucemia) en valores que estén lo más próximo posible al rango de normalidad”, indica al Dra. Barrio, que es vicepresidente 1ª de la SED. En estos pacientes, el tipo de insulina, la dosis y hora de administración debe ser personalizada.

En fibrosis quística es fundamental mantener un buen estado nutricional, repartir las comidas en tres comidas principales y dos o tres intermedias. Las dietas deben ser ricas en grasas y proteínas, con hidratos de carbono complejos. “Las recomendaciones nutricionales en la persona con diabetes relacionada con la fibrosis quística son similares a las de las personas con FQ, la única diferencia es que cuando existe diabetes resulta fundamental cuantificar los alimentos que afectan a los niveles de glucosa en sangre (hidratos de carbono)”, señala la Dra. Raquel Barrio.

En esta situación resulta fundamental la educación diabetológica, algo especialmente importante si se tiene en cuenta que la persona con FQ ya tiene una enfermedad crónica que les exige una gran implicación y, por tanto, el diagnóstico de la diabetes supone una carga adicional que deben asumir. Por ello, según solicita la Dra. Barrio, “las Unidades de FQ deben contar con una Unidad de Diabetes experta en este tipo de diabetes que tiene un abordaje específico”; según aconseja, “hay que sensibilizar a las Unidades de FQ de la necesidad del despistaje de las alteraciones hidrocarbonadas desde la infancia precoz”.

Sobre la fibrosis quística
La fibrosis quística se debe a la ausencia o defecto del canal transmembrana regulador de la fibrosis quística (CFTR), un canal de cloruro codificado en el gen CFTR que juega un papel clave en la homeostasis del agua e iones. Es una de las enfermedades genéticas más frecuentes, y está presente en 1 de cada 2500 recién nacidos vivos. Se caracteriza por la disfunción de las glándulas exocrinas, afectando a diferentes órganos, entre los que destacan el pulmón, las glándulas sudoríparas y el páncreas, entre otros.

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