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La alimentación para una persona con diabetes se considera un pilar básico en su tratamiento

/ Mitos, errores y verdades de la alimentación en diabetes: de los superalimentos al ayuno intermitente o la dieta mediterránea

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Miércoles, 24 de junio.- “No existen los superalimentos y ningún alimento va a curar la diabetes”, asegura la Dra. María D. Ballesteros Pomar, especialista del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de León, que ha participado en una mesa redonda sobre controversias de la alimentación en diabetes, en el marco del XXXI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes (SED). Es solo uno de los muchos mitos y errores que aún subsisten en relación con la alimentación en la persona con diabetes.

Según reconoce esta experta, “la alimentación saludable se ha convertido en los últimos años en un tema de moda”, con la consecuencia negativa que supone, por ejemplo, ser objeto de atención de las redes sociales, “que han convertido en influencers a muchas personas que, sin una cualificación adecuada, opinan sobre temas de salud en general y sobre alimentación en particular, lo que puede ser peligroso para la salud”. Por ello, aconseja que “los profesionales que tenemos la formación adecuada seamos los encargados de dar mensajes basados en la evidencia científica que desmonten muchos mensajes erróneos”.

Mitos, creencias y errores

Entre los mitos y creencias que están adquiriendo mayor relevancia últimamente en relación con la alimentación en diabetes, se llama atención sobre la tendencia pendular que ha pasado de ponderar dietas con un alto contenido en hidratos de carbono a dietas muy restrictivas, las limitaciones de los alimentos ‘light’ o ‘aptos para diabéticos’ (que hacen especialmente necesario enseñar a los pacientes a interpretar adecuadamente el etiquetado nutricional), la falsa idea de que utilizar edulcorante en vez de azúcar ayuda a perder peso o a reducir el riesgo de desarrollar diabetes o la creencia de que en una dieta saludable (con o sin diabetes) es necesario hacer las ‘5 comidas al día’.

Pero la principal tendencia en este ámbito pasa, como dice la Dra. Ballesteros, “por convertir alimentos en ‘héroes’ o ‘villanos’”. En este sentido, por ejemplo, se intenta periódicamente promocionar algún presunto “superalimento” o un “alimento sobrenatural”; en concreto, según destaca esta endocrinóloga, “en el caso de la diabetes se vende la idea de que esos alimentos per se pueden curar la enfermedad, lo cual es una barbaridad”.

La stevia, las bayas de Goji, el trigo sarraceno, la avena…o los “superalimentos” prometen beneficios que, en muchos casos, no están demostrados suficientemente. En cualquier caso, en relación con los superalimentos, la Dra. Clotilde Vázquez Martínez, jefe del departamento de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), indica que no debemos confundir el término superalimento con algo que contiene un remedio mágico, sino que se trata de productos que un diabético debe incorporar a sus menús por su alto contenido en elementos nutricionales que escasean en otros alimentos (calcio, magnesio, fibra , omega 3, vitaminas y pre y probióticos)”; entre ellos, se encuentran los frutos secos (especialmente la nuez), el pescado azul, los cereales integrales, los tomates o los lácteos fermentados.

Por el contrario, también se ha tratado de ‘demonizar’ a algunos alimentos, como los lácteos. “La leche de vaca no causa diabetes tipo 1 y está demostrado que la ingesta de lácteos no solo no aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, sino que lo reduce. También es un mito que debamos elegir lácteos desnatados en personas con diabetes, porque el consumo de lácteos enteros puede reducir el riesgo de obesidad e incluso el riesgo cardiovascular”, afirma la especialista del Hospital Universitario de León.

No a una dieta especial, sí a la dieta mediterránea

Con todo, y por encima de estos mitos, hay uno especialmente extendido y asumido por la población general y el de que “las personas con diabetes deben llevar una dieta especial; sin duda, es un supermito”, asegura la Dra. Ballesteros, quien denuncia que “la alimentación saludable se ha convertido en la nueva religión…y no debería”. Por eso, defiende que no hay una única manera saludable de comer, hay muchas maneras saludables de vivir y no hay que elegir un patrón dietético igual para todos, sino adaptarlo a las características de cada persona”.

En la misma línea se expresa la Dra. Clotilde Vázquez, que aclara que “cada persona con diabetes tiene unas peculiaridades, unas comorbilidades presentes, y unos riesgos que evitar. Y ahí es donde empieza la personalización de la dieta en términos no solo de calorías, sino también de reparto de carbohidratos grasas y proteínas, la cantidad de micronutrientes (vitaminas y minerales), el tipo de carbohidratos, proteínas y grasas, el horario de las ingestas,…Y todas estas características no son tampoco rígidas, sino que deben adaptarse a las situaciones vitales, trabajos, ocio y otras circunstancias”. Por eso, aconseja, “alimentarse correctamente requiere un aprendizaje asesorado por especialistas, un método flexible y adaptado, y un conocimiento ‘instrumental’ que permita la personalización y ajuste día a día de forma sencilla”.

Actualmente no se dispone de evidencia científica suficiente para defender un plan dietético específico en prevención o manejo de la diabetes mellitus, por lo que se aconseja adecuar a la situación y preferencias de cada persona con diabetes. Tal y como recomienda la Dra. Ballesteros, “debemos evitar en lo posible alimentos perjudiciales, como los refrescos azucarados o los alimentos ultraprocesados que sean ricos en azúcares, sal o grasas saturadas y, en cambio, fomentar el consumo de frutas y verduras, aceite de oliva, pescado, legumbres o yogur, priorizando la ingesta de alimentos frescos y de temporada”.

En nuestro medio, el mejor consejo dietético para las personas con diabetes (y para el resto de la población) pasa por la adopción de la dieta mediterránea, “porque es la mejor adaptada a nuestra cultura y se asocia a reducción en el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer, diabetes tipo 2 y enfermedades degenerativas”, subraya la Dra. Ballesteros.

Y es que el patrón de dieta mediterránea es, sin duda, uno de los principales ‘axiomas’ sobre alimentación en diabetes que deben seguirse siempre. Junto a éste, la Dra. Vázquez añade tres mandamientos más: “la limitación de hidratos de carbono de absorción rápida (excepto en hipoglucemias que no hayan podido prevenirse), la restricción de las grasas saturadas y el ajuste calórico para evitar el incremento de grasa corporal”.

Posibles beneficios del ayuno intermitente

También empiezan a surgir nuevas evidencias que podrían avalar el beneficio de algunas modas, entre ellas el denominado ayuno intermitente, que se fundamenta en las bondades que se derivan de la restricción calórica. Según explica la Dra. Clotilde Vázquez, “el ayuno intermitente nace de dos constataciones: 1) la restricción calórica estándar, o dieta hipocalórica, es difícil de seguir a largo plazo y algunas personas muestran escasa adherencia; 2) el ayuno intermitente favorecería el llamado ‘switch metabólico’, que consiste en un incremento de la lipólisis (proceso metabólico mediante el cual los lípidos del organismo son transformados para producir ácidos grasos y glicerol para cubrir las necesidades energéticas), formación de cuerpos cetónicos y, por tanto, una teórica estabilización de los sensores nutricionales, que favorecería los procesos de reparación y limpieza celular, una disminución de las vías proinflamatorias y una potenciación de la vías regenerativas.

Por el momento, los estudios en humanos que han evaluado el efecto del ayuno intermitente son escasos y presentan algunas limitaciones, “aunque prácticamente todos encuentran mejorías en peso, porcentaje de grasa, perfil lipídico, resistencia a la insulina y algunos marcadores inflamatorios; sin embargo, las diferencias son poco significativas en comparación con las dietas hipocalóricas estándar”, afirma la Dra. Vázquez.

Según opina esta experta del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, las personas con diabetes que tienen insulinorresistencia podrían beneficiarse de estas modalidades de restricción calórica, pero aún hay pocos estudios al respecto”. La persona con diabetes e insulinorresistencia (diabetes tipo 2) o hiperinsulinismo relativo por la insulina exógena (diabetes tipo 1) presenta grandes dificultades de perder peso, por la presencia de niveles relativamente elevados de insulina plasmática en ayunas que impiden la lipólisis; por eso, “se postula que un ayuno prolongado podría mejorar la insulinosensibilidad y mejorar el control metabólico, el peso y otros parámetros de riesgo.

Hay muchas modalidades de ayuno intermitente (todas ellas requieren un ajuste terapéutico en personas con diabetes); las más estudiadas son éstas:

  1. TMF (time restricting fasting): consiste en comer solo unas horas al día, pasando entre 12 y 16 horas al día sin comer, preferiblemente en la tarde noche, para acompasarse así al ritmo circadiano neurohormonal
  2. Alternate day fasting: comer menos de 600 calorias a días alternos
  3. Dieta 5.2: semi ayuno (500-600 kcal) dos días a la semana
  4. Ayuno (sólo líquidos) 1 día a la semana

Un efecto colateral de la pandemia

Finalmente, en esta mesa redonda sobre alimentación en diabetes también se alude a la actual pandemia de coronavirus, que también ha ejercido una cierta influencia negativa en la proliferación de bulos y mitos sobre alimentación; de hecho, “ha habido intentos de promocionar alimentos o nutrientes concretos para frenar al virus, sin ninguna evidencia”, indica María D. Ballesteros.

Recientemente, se ha insistido mucho en los nutrientes que ‘mejoran’ o ‘potencian’ el sistema inmunitario, como los suplementos de lactoferrina, selenio, y otros antioxidantes. “Sin que esa información sea falsa, debemos insistir en que es incompleta”, resalta la Dra. Clotilde Vázquez, quien enumera los tres elementos con mayor repercusión sobre el funcionamiento global del sistema inmune y su capacidad de reacción: “1) un buen estado nutricional (en la desnutrición se produce inmunosupresión); 2) el estado de la microbiota intestinal; y 3) un estado emocional equilibrado, que incluye un estilo de vida óptimo”.

Como mensaje final, la experta de la Fundación Jiménez Díaz indica que “las personas con diabetes presentan una mayor vulnerabilidad cuando desarrollan la COVID-19 y, por eso, es crucial proveerse de buenos alimentos y hábitos correctos”.

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Mitos, errores y verdades de la alimentación en diabetes: de los superalimentos al ayuno intermitente o la dieta mediterránea

Miércoles, 24 de junio.- “No existen los superalimentos y ningún alimento va a curar la diabetes”, asegura la Dra. María D. Ballesteros Pomar, especialista del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de León, que ha participado en una mesa redonda sobre controversias de la alimentación en diabetes, en el marco del XXXI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes (SED). Es solo uno de los muchos mitos y errores que aún subsisten en relación con la alimentación en la persona con diabetes.

Según reconoce esta experta, “la alimentación saludable se ha convertido en los últimos años en un tema de moda”, con la consecuencia negativa que supone, por ejemplo, ser objeto de atención de las redes sociales, “que han convertido en influencers a muchas personas que, sin una cualificación adecuada, opinan sobre temas de salud en general y sobre alimentación en particular, lo que puede ser peligroso para la salud”. Por ello, aconseja que “los profesionales que tenemos la formación adecuada seamos los encargados de dar mensajes basados en la evidencia científica que desmonten muchos mensajes erróneos”.

Mitos, creencias y errores

Entre los mitos y creencias que están adquiriendo mayor relevancia últimamente en relación con la alimentación en diabetes, se llama atención sobre la tendencia pendular que ha pasado de ponderar dietas con un alto contenido en hidratos de carbono a dietas muy restrictivas, las limitaciones de los alimentos ‘light’ o ‘aptos para diabéticos’ (que hacen especialmente necesario enseñar a los pacientes a interpretar adecuadamente el etiquetado nutricional), la falsa idea de que utilizar edulcorante en vez de azúcar ayuda a perder peso o a reducir el riesgo de desarrollar diabetes o la creencia de que en una dieta saludable (con o sin diabetes) es necesario hacer las ‘5 comidas al día’.

Pero la principal tendencia en este ámbito pasa, como dice la Dra. Ballesteros, “por convertir alimentos en ‘héroes’ o ‘villanos’”. En este sentido, por ejemplo, se intenta periódicamente promocionar algún presunto “superalimento” o un “alimento sobrenatural”; en concreto, según destaca esta endocrinóloga, “en el caso de la diabetes se vende la idea de que esos alimentos per se pueden curar la enfermedad, lo cual es una barbaridad”.

La stevia, las bayas de Goji, el trigo sarraceno, la avena…o los “superalimentos” prometen beneficios que, en muchos casos, no están demostrados suficientemente. En cualquier caso, en relación con los superalimentos, la Dra. Clotilde Vázquez Martínez, jefe del departamento de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), indica que no debemos confundir el término superalimento con algo que contiene un remedio mágico, sino que se trata de productos que un diabético debe incorporar a sus menús por su alto contenido en elementos nutricionales que escasean en otros alimentos (calcio, magnesio, fibra , omega 3, vitaminas y pre y probióticos)”; entre ellos, se encuentran los frutos secos (especialmente la nuez), el pescado azul, los cereales integrales, los tomates o los lácteos fermentados.

Por el contrario, también se ha tratado de ‘demonizar’ a algunos alimentos, como los lácteos. “La leche de vaca no causa diabetes tipo 1 y está demostrado que la ingesta de lácteos no solo no aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, sino que lo reduce. También es un mito que debamos elegir lácteos desnatados en personas con diabetes, porque el consumo de lácteos enteros puede reducir el riesgo de obesidad e incluso el riesgo cardiovascular”, afirma la especialista del Hospital Universitario de León.

No a una dieta especial, sí a la dieta mediterránea

Con todo, y por encima de estos mitos, hay uno especialmente extendido y asumido por la población general y el de que “las personas con diabetes deben llevar una dieta especial; sin duda, es un supermito”, asegura la Dra. Ballesteros, quien denuncia que “la alimentación saludable se ha convertido en la nueva religión…y no debería”. Por eso, defiende que no hay una única manera saludable de comer, hay muchas maneras saludables de vivir y no hay que elegir un patrón dietético igual para todos, sino adaptarlo a las características de cada persona”.

En la misma línea se expresa la Dra. Clotilde Vázquez, que aclara que “cada persona con diabetes tiene unas peculiaridades, unas comorbilidades presentes, y unos riesgos que evitar. Y ahí es donde empieza la personalización de la dieta en términos no solo de calorías, sino también de reparto de carbohidratos grasas y proteínas, la cantidad de micronutrientes (vitaminas y minerales), el tipo de carbohidratos, proteínas y grasas, el horario de las ingestas,…Y todas estas características no son tampoco rígidas, sino que deben adaptarse a las situaciones vitales, trabajos, ocio y otras circunstancias”. Por eso, aconseja, “alimentarse correctamente requiere un aprendizaje asesorado por especialistas, un método flexible y adaptado, y un conocimiento ‘instrumental’ que permita la personalización y ajuste día a día de forma sencilla”.

Actualmente no se dispone de evidencia científica suficiente para defender un plan dietético específico en prevención o manejo de la diabetes mellitus, por lo que se aconseja adecuar a la situación y preferencias de cada persona con diabetes. Tal y como recomienda la Dra. Ballesteros, “debemos evitar en lo posible alimentos perjudiciales, como los refrescos azucarados o los alimentos ultraprocesados que sean ricos en azúcares, sal o grasas saturadas y, en cambio, fomentar el consumo de frutas y verduras, aceite de oliva, pescado, legumbres o yogur, priorizando la ingesta de alimentos frescos y de temporada”.

En nuestro medio, el mejor consejo dietético para las personas con diabetes (y para el resto de la población) pasa por la adopción de la dieta mediterránea, “porque es la mejor adaptada a nuestra cultura y se asocia a reducción en el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer, diabetes tipo 2 y enfermedades degenerativas”, subraya la Dra. Ballesteros.

Y es que el patrón de dieta mediterránea es, sin duda, uno de los principales ‘axiomas’ sobre alimentación en diabetes que deben seguirse siempre. Junto a éste, la Dra. Vázquez añade tres mandamientos más: “la limitación de hidratos de carbono de absorción rápida (excepto en hipoglucemias que no hayan podido prevenirse), la restricción de las grasas saturadas y el ajuste calórico para evitar el incremento de grasa corporal”.

Posibles beneficios del ayuno intermitente

También empiezan a surgir nuevas evidencias que podrían avalar el beneficio de algunas modas, entre ellas el denominado ayuno intermitente, que se fundamenta en las bondades que se derivan de la restricción calórica. Según explica la Dra. Clotilde Vázquez, “el ayuno intermitente nace de dos constataciones: 1) la restricción calórica estándar, o dieta hipocalórica, es difícil de seguir a largo plazo y algunas personas muestran escasa adherencia; 2) el ayuno intermitente favorecería el llamado ‘switch metabólico’, que consiste en un incremento de la lipólisis (proceso metabólico mediante el cual los lípidos del organismo son transformados para producir ácidos grasos y glicerol para cubrir las necesidades energéticas), formación de cuerpos cetónicos y, por tanto, una teórica estabilización de los sensores nutricionales, que favorecería los procesos de reparación y limpieza celular, una disminución de las vías proinflamatorias y una potenciación de la vías regenerativas.

Por el momento, los estudios en humanos que han evaluado el efecto del ayuno intermitente son escasos y presentan algunas limitaciones, “aunque prácticamente todos encuentran mejorías en peso, porcentaje de grasa, perfil lipídico, resistencia a la insulina y algunos marcadores inflamatorios; sin embargo, las diferencias son poco significativas en comparación con las dietas hipocalóricas estándar”, afirma la Dra. Vázquez.

Según opina esta experta del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, las personas con diabetes que tienen insulinorresistencia podrían beneficiarse de estas modalidades de restricción calórica, pero aún hay pocos estudios al respecto”. La persona con diabetes e insulinorresistencia (diabetes tipo 2) o hiperinsulinismo relativo por la insulina exógena (diabetes tipo 1) presenta grandes dificultades de perder peso, por la presencia de niveles relativamente elevados de insulina plasmática en ayunas que impiden la lipólisis; por eso, “se postula que un ayuno prolongado podría mejorar la insulinosensibilidad y mejorar el control metabólico, el peso y otros parámetros de riesgo.

Hay muchas modalidades de ayuno intermitente (todas ellas requieren un ajuste terapéutico en personas con diabetes); las más estudiadas son éstas:

  1. TMF (time restricting fasting): consiste en comer solo unas horas al día, pasando entre 12 y 16 horas al día sin comer, preferiblemente en la tarde noche, para acompasarse así al ritmo circadiano neurohormonal
  2. Alternate day fasting: comer menos de 600 calorias a días alternos
  3. Dieta 5.2: semi ayuno (500-600 kcal) dos días a la semana
  4. Ayuno (sólo líquidos) 1 día a la semana

Un efecto colateral de la pandemia

Finalmente, en esta mesa redonda sobre alimentación en diabetes también se alude a la actual pandemia de coronavirus, que también ha ejercido una cierta influencia negativa en la proliferación de bulos y mitos sobre alimentación; de hecho, “ha habido intentos de promocionar alimentos o nutrientes concretos para frenar al virus, sin ninguna evidencia”, indica María D. Ballesteros.

Recientemente, se ha insistido mucho en los nutrientes que ‘mejoran’ o ‘potencian’ el sistema inmunitario, como los suplementos de lactoferrina, selenio, y otros antioxidantes. “Sin que esa información sea falsa, debemos insistir en que es incompleta”, resalta la Dra. Clotilde Vázquez, quien enumera los tres elementos con mayor repercusión sobre el funcionamiento global del sistema inmune y su capacidad de reacción: “1) un buen estado nutricional (en la desnutrición se produce inmunosupresión); 2) el estado de la microbiota intestinal; y 3) un estado emocional equilibrado, que incluye un estilo de vida óptimo”.

Como mensaje final, la experta de la Fundación Jiménez Díaz indica que “las personas con diabetes presentan una mayor vulnerabilidad cuando desarrollan la COVID-19 y, por eso, es crucial proveerse de buenos alimentos y hábitos correctos”.

 

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