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La terapia sintomática durante la menopausia en la mujer con diabetes: una ‘carrera de obstáculos’

La terapia sintomática durante la menopausia en la mujer con diabetes: una ‘carrera de obstáculos’

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Sevilla, 20 de abril.- Hombres y mujeres no desarrollan ni viven la diabetes de la misma manera, y también difieren en el riesgo, diagnóstico, tratamiento, evolución y las consecuencias. Se establece una brecha de género que va mucho más allá de una mera cuestión biológica, incluyendo también factores sociales, culturales y del sistema sanitario. Con la menopausia, se plantean nuevos obstáculos que agudizan aún más las diferencias y plantean un abordaje particular de la diabetes en estos casos.

“Es muy importante conocer bien cómo realizar correctamente el manejo de la menopausia en todas las mujeres, pero en las que además tienen diabetes resulta especialmente trascendental, porque su situación metabólica y de particular riesgo cardiovascular requiere una evaluación específica a la hora de indicar la terapia más adecuada, sopesando riesgos y beneficios, advierte la Dra. Carolina Sánchez Malo, especialista en Endocrinología y Nutrición en el Complejo Hospitalario de Jaén, quien indica que la mayoría de los artículos publicados reconocen que no se dedica tiempo a evaluar síntomas, inquietudes y expectativas en estas mujeres en la consulta diaria”. En el transcurso del XXXVII Congreso Nacional de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes, esta experta ha llamado especialmente la atención sobre la necesidad de optimizar el manejo de la menopausia en la mujer con diabetes, ofreciendo alternativas para aquellos casos en los que está contraindicada la terapia de referencia.

Más allá de la terapia hormonal

Por el momento, no se cuenta con suficiente nivel de evidencia para hacer recomendaciones robustas, sobre todo en diabetes tipo 1, respecto al empleo de terapia hormonal en mujeres con diabetes que están en la menopausia. “Son necesarias investigaciones centradas en este grupo específico de mujeres”, demanda la experta del Complejo Hospitalario de Jaén, existiendo un claro sesgo de indicación de tratamiento.

La terapia sintomática se administra a menos del 50% de las mujeres con menopausia y diabetes, en comparación con las que no tienen diabetes. “Tenemos ‘miedo’ a tratarlas, más aún tras los resultados del estudio WHI, que paralizó el tratamiento a millones de mujeres a partir del año 2002”, apunta la Dra. Sánchez Malo.

La terapia sintomática más eficaz en la menopausia se basa en la terapia hormonal. La menopausia se debe a la caída brusca de los niveles de estrógenos, y los síntomas más frecuentes como sofocos, disfunción sexual, ganancia de peso, insomnio o pérdida de masa ósea se deben a ello. Por ello, la aportación de estrógenos ha demostrado que mejora la sintomatología sobre cualquier otra opción terapéutica. “Es la que mejores resultados ofrece en el alivio de los síntomas, informa esta experta.

Al administrar estrógenos (orales o transdérmicos) con o sin progestágenos (en función de la presencia o no de útero), se tienen que tener en cuenta los efectos de estas hormonas a nivel de riesgo cardiovascular, ya elevado por la diabetes en sí, así como el riesgo trombótico y de cáncer de mama. Además, es necesario hacer un ajuste de la terapia antidiabética, eligiendo aquellos fármacos con menor impacto en masa ósea, infecciones genitourinarias e hipoglucemias. 

Recursos alternativos

Según la última guía europea sobre el manejo de la menopausia (2025), la diabetes bien controlada no se considera una contraindicación para el uso de terapia hormonal sintomática. El estrógeno transdérmico es la elección preferida y, si se precisa, junto con progestágeno: “lo ideal -a juicio de la Dra. Sánchez Malo- es progesterona micronizada cíclica”, que “tiene efecto positivo en la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de la glucosa, siendo eficaz cuando se inicia en mujeres menores de 60 años o dentro de los 10 años posteriores a la menopausia” (hipótesis del tiempo).

En algunas mujeres con diabetes puede estar contraindicada la terapia hormonal sintomática en algunas ocasiones. De ahí la necesidad de conocer y adoptar, cuando sea pertinente, otros recursos terapéuticos sin efectos adversos en el control metabólico y riesgo cardiovascular. Dentro de estas opciones terapéuticas, la Dra. Sánchez Malo enumera, por ejemplo: las intervenciones en estilo de vida con hábitos de vida saludables, la terapia psicológica, el bazedoxifeno, el ospemifeno, la fitoterapia, los inhibidores de la recaptación de serotonina, la gabapentina, la melatonina, los hidratantes y lubricantes vaginales. Pero, además, matiza, “no se trata sólo de aportarle a la mujer los estrógenos que le faltan, también hay que escucharla, tranquilizarla y acompañarla, porque muchas lo pasan realmente mal”.

Un aspecto que se considera crucial es dedicar tiempo a la valoración de disfunción sexual, muy frecuente en esta etapa de la vida, “teniendo en cuenta que existe un problema, siendo consciente que la paciente no lo va a exponer voluntariamente, e informar sobre las opciones terapéuticas más adecuadas y si se desconoce el tema derivarla a un colega que pueda ayudarla”, señala la especialista del Complejo Hospitalario de Jaén.

En su opinión, “es necesario que los servicios de salud promuevan la dimensión ‘sexual’ en la salud y los derechos sexuales con información y educación sexual integral, científica y basada en derechos. Ello implica formación y empatía de los profesionales sanitarios”.  Actualmente, existen herramientas de medida de calidad de vida, como la escala CERVANTES, o cuestionarios de satisfacción sexual, que detectan problemas de disfunción sexual a menudo ignorados en la práctica clínica diaria, que pueden ayudar a detectar problemas no comunicados.