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Fragilidad, envejecimiento acelerado y diabetes: tres trastornos con un nexo común

/ El impacto conjunto de la fragilidad y de la diabetes alcanza al 40% de la población mayor de 65 años en España

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Viernes, 18 de junio.-  La nutrición inadecuada o el sedentarismo explican, en buena parte, la potente asociación que existe entre la fragilidad, el envejecimiento acelerado y diabetes. Así lo ha afirmado en el XXXII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes (SED) el Dr. Francisco José García García, jefe de Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario de Toledo (CHT), quien considera que dichos factores de riesgo relacionados con los estilos de vida son el principal nexo de unión entre estos trastornos; además, comparten vías patogénicas hormonales e inmunológicas comunes.

A nivel hormonal, alteraciones patológicas tales como la resistencia a la insulina o el desequilibrio hormonal con disminución de hormonas anabolizantes son comunes a la diabetes, el envejecimiento acelerado y la fragilidad; a nivel inmunológico, estos tres trastornos también se caracterizan de forma similar por una inflamación crónica, con un incremento de interleukinas y otras proteínas inflamatorias expresadas en múltiples tejidos (cerebro, musculo, arterias,...). “Todo esto hace que la aparición conjunta de diabetes y fragilidad potenciará cambios que inducen a un envejecimiento acelerado, ha asegurado este experto.

Impacto de la fragilidad en la diabetes

El impacto conjunto de la fragilidad y de la diabetes alcanza al 40% de la población mayor de 65 años. Además, ambas producen un envejecimiento acelerado y gran morbimortalidad, por lo que deberían ser dianas prioritarias para programas de salud pública. Una buena noticia, como destaca el Dr. García García, es que la fragilidad es eficazmente prevenible y tratable cuando se hace con personal especializado”.

En este foro se han dado a conocer datos del Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable (ETES), que pone en valor el impacto de la fragilidad en la evolución natural de la diabetes en mayores de 65 años. “La importancia de la diabetes en estas personas mayores radica en su alto impacto, puesto que alcanza en nuestro estudio al 20% de esta población, pero también en los efectos del trastorno metabólico a medio y largo plazo”, aclara el geriatra del Complejo Hospitalario de Toledo.

Así, la aparición en la historia natural de la diabetes de macro y microangiopatía, el incremento del estrés oxidativo en los tejidos y el depósito de proteína beta amiloide a nivel cerebral facilitan la aparición de enfermedad cerebrovascular clínica y deterioro cognitivo-demencia, cardiopatía isquémica, disfunción muscular con sarcopenia; en definitiva, como resume el Dr. García García, los trastornos derivados de la diabetes terminan asociándose con deterioro funcional, dependencia y muerte.

Respecto a la disminución de la esperanza de vida que se produce en pacientes diabéticos, está muy mediada por la aparición en su curso clínico de la fragilidad. “En nuestro estudio hemos podido observar que la presencia de diabetes aumentó la mortalidad en 12 años de seguimiento un 50%, sin embargo, en aquellos diabéticos con criterios de fragilidad la mortalidad se elevó hasta un 470%, destaca este experto.

La clave está en la prevención

Actualmente existen varias escalas que evalúan la fragilidad, siendo especialmente recomendables aquellas que se basan en medidas objetivas y que tienen sensibilidad para identificar los cambios clínicos del paciente. En el estudio de Toledo, “hemos empleado el Frailty Index (cuyo problema es el tiempo de ejecución), el fenotipo de Fried (que adolece de sensibilidad al cambio) y el Frailty Trait Scale del ETES (cuya forma corta -FTS5- se pasa en 7 minutos y es sensible al cambio pudiendo utilizarse en diversos escenarios)”, detalla el Dr. Francisco José García García.

Dada la estrecha vinculación observada entre fragilidad, diabetes y envejecimiento acelerado, la mejor ‘solución’ pasa por la prevención. Por ello, se aconseja un buen control metabólico e implementar cambios en los estilos de vida referidos a la dieta y, especialmente, a la actividad física. Según matiza el experto, “una vez que aparece la fragilidad es necesaria una intervención con entrenamiento físico, con una amplitud e intensidad adecuada prescrita por un graduado en ciencias de la actividad física y del deporte”.

Efectos clínicos de la restricción calórica

En esta misma sesión científica ha participado el Prof. Luigi Fontana, director del Healthy Longevity Research and Clinical Program en el Charles Perkins Centre | Faculty of Medicine and Health (Sidney, Australia), quien ha realizado una llamada sobre el enorme problema que plantea la obesidad. “La pandemia de obesidad y enfermedades crónicas debidas a estilos de vida poco saludables se está acelerando y hace que muchos modelos de financiación de la salud existentes sean insostenibles. Esto aumentará aún más las disparidades sociales en salud, exacerbará la pobreza y el acceso desigual a la atención médica”, ha dicho.

En su conferencia ha efectuado un alegato sobre los beneficios que se derivan de la restricción calórica. Según la OMS, al menos el 80% de las enfermedades cardiovasculares y la diabetes y el 40% de los cánceres se pueden prevenir. “Creo que estos números son conservadores, porque los estudios experimentales han demostrado que la acumulación de daño molecular asociado con la edad puede prevenirse o retrasarse mucho mediante manipulaciones dietéticas, genéticas y farmacológicas que regulan negativamente las vías inflamatorias y de detección de nutrientes celulares clave”, ha afirmado este especialista, recordando que “en roedores y monos, la restricción dietética con una ingesta óptima de nutrientes protege contra la obesidad, la diabetes tipo 2, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, el envejecimiento, la neurodegeneración y la fragilidad del cerebro, y en los humanos provoca adaptaciones biológicas que protegen contra estas enfermedades”.

De forma contundente el Prof. Luigi Fontana ha recalcado que “la restricción calórica sin desnutrición sigue siendo la intervención no genética más sólida hasta la fecha que puede maximizar la vida útil en múltiples modelos animales y también extiende la esperanza de vida”. En cualquier caso, según recuerda, “la esperanza de vida aumenta al máximo a medida que se reduce la ingesta de alimentos, pero luego disminuye rápidamente cuando la restricción se vuelve excesiva”.

Según este experto, “la dieta mediterránea es uno de los instrumentos que podemos utilizar para controlar el peso corporal y mejorar la salud metabólica”, aunque advierte sobre la necesidad de usar de forma moderada algunos componentes, como el aceite de oliva, “muy rico en calorías”.

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El impacto conjunto de la fragilidad y de la diabetes alcanza al 40% de la población mayor de 65 años en España

Viernes, 18 de junio.-  La nutrición inadecuada o el sedentarismo explican, en buena parte, la potente asociación que existe entre la fragilidad, el envejecimiento acelerado y diabetes. Así lo ha afirmado en el XXXII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes (SED) el Dr. Francisco José García García, jefe de Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario de Toledo (CHT), quien considera que dichos factores de riesgo relacionados con los estilos de vida son el principal nexo de unión entre estos trastornos; además, comparten vías patogénicas hormonales e inmunológicas comunes.

A nivel hormonal, alteraciones patológicas tales como la resistencia a la insulina o el desequilibrio hormonal con disminución de hormonas anabolizantes son comunes a la diabetes, el envejecimiento acelerado y la fragilidad; a nivel inmunológico, estos tres trastornos también se caracterizan de forma similar por una inflamación crónica, con un incremento de interleukinas y otras proteínas inflamatorias expresadas en múltiples tejidos (cerebro, musculo, arterias,…). “Todo esto hace que la aparición conjunta de diabetes y fragilidad potenciará cambios que inducen a un envejecimiento acelerado, ha asegurado este experto.

Impacto de la fragilidad en la diabetes

El impacto conjunto de la fragilidad y de la diabetes alcanza al 40% de la población mayor de 65 años. Además, ambas producen un envejecimiento acelerado y gran morbimortalidad, por lo que deberían ser dianas prioritarias para programas de salud pública. Una buena noticia, como destaca el Dr. García García, es que la fragilidad es eficazmente prevenible y tratable cuando se hace con personal especializado”.

En este foro se han dado a conocer datos del Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable (ETES), que pone en valor el impacto de la fragilidad en la evolución natural de la diabetes en mayores de 65 años. “La importancia de la diabetes en estas personas mayores radica en su alto impacto, puesto que alcanza en nuestro estudio al 20% de esta población, pero también en los efectos del trastorno metabólico a medio y largo plazo”, aclara el geriatra del Complejo Hospitalario de Toledo.

Así, la aparición en la historia natural de la diabetes de macro y microangiopatía, el incremento del estrés oxidativo en los tejidos y el depósito de proteína beta amiloide a nivel cerebral facilitan la aparición de enfermedad cerebrovascular clínica y deterioro cognitivo-demencia, cardiopatía isquémica, disfunción muscular con sarcopenia; en definitiva, como resume el Dr. García García, los trastornos derivados de la diabetes terminan asociándose con deterioro funcional, dependencia y muerte.

Respecto a la disminución de la esperanza de vida que se produce en pacientes diabéticos, está muy mediada por la aparición en su curso clínico de la fragilidad. “En nuestro estudio hemos podido observar que la presencia de diabetes aumentó la mortalidad en 12 años de seguimiento un 50%, sin embargo, en aquellos diabéticos con criterios de fragilidad la mortalidad se elevó hasta un 470%, destaca este experto.

La clave está en la prevención

Actualmente existen varias escalas que evalúan la fragilidad, siendo especialmente recomendables aquellas que se basan en medidas objetivas y que tienen sensibilidad para identificar los cambios clínicos del paciente. En el estudio de Toledo, “hemos empleado el Frailty Index (cuyo problema es el tiempo de ejecución), el fenotipo de Fried (que adolece de sensibilidad al cambio) y el Frailty Trait Scale del ETES (cuya forma corta -FTS5- se pasa en 7 minutos y es sensible al cambio pudiendo utilizarse en diversos escenarios)”, detalla el Dr. Francisco José García García.

Dada la estrecha vinculación observada entre fragilidad, diabetes y envejecimiento acelerado, la mejor ‘solución’ pasa por la prevención. Por ello, se aconseja un buen control metabólico e implementar cambios en los estilos de vida referidos a la dieta y, especialmente, a la actividad física. Según matiza el experto, “una vez que aparece la fragilidad es necesaria una intervención con entrenamiento físico, con una amplitud e intensidad adecuada prescrita por un graduado en ciencias de la actividad física y del deporte”.

Efectos clínicos de la restricción calórica

En esta misma sesión científica ha participado el Prof. Luigi Fontana, director del Healthy Longevity Research and Clinical Program en el Charles Perkins Centre | Faculty of Medicine and Health (Sidney, Australia), quien ha realizado una llamada sobre el enorme problema que plantea la obesidad. “La pandemia de obesidad y enfermedades crónicas debidas a estilos de vida poco saludables se está acelerando y hace que muchos modelos de financiación de la salud existentes sean insostenibles. Esto aumentará aún más las disparidades sociales en salud, exacerbará la pobreza y el acceso desigual a la atención médica”, ha dicho.

En su conferencia ha efectuado un alegato sobre los beneficios que se derivan de la restricción calórica. Según la OMS, al menos el 80% de las enfermedades cardiovasculares y la diabetes y el 40% de los cánceres se pueden prevenir. “Creo que estos números son conservadores, porque los estudios experimentales han demostrado que la acumulación de daño molecular asociado con la edad puede prevenirse o retrasarse mucho mediante manipulaciones dietéticas, genéticas y farmacológicas que regulan negativamente las vías inflamatorias y de detección de nutrientes celulares clave”, ha afirmado este especialista, recordando que “en roedores y monos, la restricción dietética con una ingesta óptima de nutrientes protege contra la obesidad, la diabetes tipo 2, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, el envejecimiento, la neurodegeneración y la fragilidad del cerebro, y en los humanos provoca adaptaciones biológicas que protegen contra estas enfermedades”.

De forma contundente el Prof. Luigi Fontana ha recalcado que “la restricción calórica sin desnutrición sigue siendo la intervención no genética más sólida hasta la fecha que puede maximizar la vida útil en múltiples modelos animales y también extiende la esperanza de vida”. En cualquier caso, según recuerda, “la esperanza de vida aumenta al máximo a medida que se reduce la ingesta de alimentos, pero luego disminuye rápidamente cuando la restricción se vuelve excesiva”.

Según este experto, “la dieta mediterránea es uno de los instrumentos que podemos utilizar para controlar el peso corporal y mejorar la salud metabólica”, aunque advierte sobre la necesidad de usar de forma moderada algunos componentes, como el aceite de oliva, “muy rico en calorías”.

 

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